Encuentro con David Frost: El periodista que cambió el curso de la historia

frost(Por Begoña Donat. El Mundo de España) Hizo de la entrevista un arte sibilino. Nadie ha sacado confesiones tan suculentas a actores, celebridades, escritores y, sobre todo, políticos, su pieza favorita. Sus afiladas preguntas provocaron que Nixon se disculpara ante EEUU por el escándalo Watergate. Treinta y dos años después, Magazine somete al tercer grado a este inglés que ahora trabaja para la cadena Al Jazeera y que cree que el tenis es el deporte nacional español. 

Piense en cualquier protagonista de la política moderna: Vladimir Putin, Nelson Mandela, Isaac Rabin, Mijail Gorbachov, Hussein de Jordania, Indira Gandhi, Benazir Bhutto, Yasir Arafat… Todos han sido retados por el veterano entrevistador inglés David Frost. Pero su legado en la historia de la televisión pasa por haber revolucionado el arte de la entrevista en agosto de 1977. En un duelo verbal de cuatro noches, el periodista hizo sucumbir al entonces presidente Richard Nixon y provocó que se disculpara ante el tribunal de la opinión pública. Aquel pulso catódico ha quedado ahora inmortalizado en el filme Frost/Nixon.

«Aunque sus preguntas siempre son corteses, consigue sonsacarte montañas de información». Tony Blair es sólo una de las víctimas de Sir David Frost (nacido en Kent el 7 de abril 1939), una leyenda televisiva con piel de cordero. Este lobo –que hoy viste calcetines amarillos– ha clavado su aguijón en los últimos seis primeros ministros de Reino Unido y en siete presidentes de EEUU. Con su sibilina jovialidad, este afable caballero ha conseguido las más suculentas confesiones de políticos de todo pelaje desde la década de los 60.

Puso en un brete a Margaret Thatcher durante la presentación de sus memorias, The Downing Street Years (los años en Downing Street), donde la dama de hierro tuvo que escabullirse de la pregunta: «¿Cuál es el capítulo más autocrítico de este libro?»…, habida cuenta de la condescendencia de sus líneas. No salió mejor parado su homólogo Tony Blair, quien, en un arrebato, prometió que iba a incrementar el presupuesto del Servicio Nacional de Salud al nivel europeo. Ante tal desatino, el entonces ministro de Economía, Gordon Brown, abroncó al líder laborista: «Me acabas de robar el presupuesto».

Tampoco en el mundo del espectáculo queda mucha vacante. Tennessee Williams, los Beatles, Elton John, Orson Welles, Pavarotti, Muhammad Ali o Salman Rushdie han mordido el anzuelo Frost.

AUDIENCIA MILLONARIA. No obstante, más allá de las muescas en su carrera periodística, el presentador pasará a la Historia por protagonizar el espacio político más visto de la televisión. Más de 45 millones de telespectadores asistieron en el verano de 1977 a su lance oral en cuatro asaltos con Richard Nixon (al que pagó 600.000 dólares por ello), que culminó con la asunción de responsabilidades del ex presidente en el caso Watergate y su disculpa a una nación lacerada por los abusos de poder.

Nada hacía presagiar un desenlace de tan hondo calado. Tras tres años de silencio, el líder republicano, reputado tahúr de la evasiva, había decidido congraciarse con sus compatriotas en la primera entrevista que concedía después de su bochornosa dimisión en abril de 1974. Para limpiar su imagen eligió a un reportero británico con fama de frívolo playboy.

Una de las leyes no escritas del periodismo establece que la dedicación al entretenimiento resta credibilidad, y si por algo había medrado este hijo de un pastor metodista había sido por su rol de precursor de la sátira británica. Sir David fue un producto de la generación de los angry young men (jóvenes airados). El cogollo de dramaturgos y novelistas británicos así etiquetados había inoculado la rebeldía contra las instituciones políticas y sociales, así que la audiencia estaba ávida de espacios aplicados en derribar un sistema caduco. El programa en el que debutó el pizpireto periodista en 1962 –That Was The Week That Was (así fue la semana que fue)– fue acogido con entusiasmo por un público hastiado de ser minusvalorado por los medios.

En el magazine que le siguió entre 1966 y 1967, el humorista se reveló así mismo como catalizador de talentos. En el programa The Frost Report (el informe Frost) se gestó el embrión de Monty Python. Todos los miembros británicos del grupo de humor absurdo compartieron nómina como guionistas e intérpretes: John Cleese, Graham Chapman, Michael Palin, Eric Idle, Terry Gilliam y Terry Jones.

Sin embargo, no todo era guasa en la trayectoria del showman. David había protagonizado el que se considera el primer juicio televisivo en Reino Unido. El hito en cuestión consistió en acorralar y abroncar al timador Emil Savundra por una estafa de seguros a miles de motoristas.

Más pendiente del halo de chanza que envolvía al reportero, Nixon lo seleccionó como su confidente, por considerarlo inofensivo. La errónea presunción tuvo devastadoras consecuencias. Y todo a pesar de la aversión de Tricky Dick (apodo de Nixon traducido como Dick el tramposo) por la charla trivial, talón de aquiles empleado por Frost para embaucar a sus damnificados. «Nixon se mostró muy tenso y monosilábico antes de la entrevista, pero una vez en materia, se relajó y se mostró absorbido por la conversación», relata el entrevistador. El ex presidente sólo se tomó confianzas un cuarto de hora antes de la despedida y ya off the record. Grabado el programa, David y su entonces pareja, Caroline Cushing, se acercaron a decir adiós y Nixon pidió a su famoso ayudante de cámara, Manolo Sánchez, que les sirviera un caviar que había recibido en navidades. El jerarca tomó a Caroline del brazo y le enseñó la cama donde había dormido el presidente soviético Leonidas Brezhnev.

La gesta de David contra el goliat del Watergate ha sido recogida en una obra de teatro firmada por el dramaturgo Peter Morgan, autor a su vez de la versión escénica y cinematográfica de La Reina (dirigida por Stephen Frears en 2006), y de los guiones de El último rey de Escocia (Kevin MacDonald, 2006) y Las hermanas Bolena (Justin Chadwick, 2008). En la puesta de largo del filme en Londres, Frost se sometió al tercer grado de MAGAZINE.

frostnixon

Pregunta. ¿Entrevistar curte para ser entrevistado?
Respuesta. Desde 1962, he mantenido la tradición de entrevistar pero, durante estas cuatro décadas, yo también he estado en el otro lado. Resulta de gran ayuda, porque es como cambiar de retratado a retratista para medir tus carencias y reflejos.

P. En los inicios de su vida estudió para ser cura metodista. ¿Potenció esta formación su habilidad para extraer confesiones?
R. En primer término, me procuró fórmulas para mantener atenta a una audiencia. Antes de estudiar en Cambridge, ejercí como cura local en una congregación. La Iglesia Metodista no hace hincapié en las confesiones, pero sí me enseñó a estar atento a la honestidad de una persona al brindar un testimonio.

P. ¿Qué otros instintos le han afilado cuatro décadas como confidente?
R. Una cualidad relevante es atender al lenguaje corporal, porque así mides el carácter de tu interlocutor. Entrevistar se basa en el instinto. Por ejemplo, tome un silencio. Hay dos tipos, uno bueno y uno malo: el silencio de oro, en el que si permanezco callado voy a conseguir que la otra persona siga hablando y diga más, y el absoluto aburrimiento, que es cuando te das cuenta de que tu entrevistado ha perdido el hilo de la conversación. Son instantes largos e interminables. Ahí es donde reside la clave de saber cuándo callar y cuándo hablar. No hay un libro que enseñe sobre intuición.

P. Con el tiempo, los políticos han aprendido a soslayar cierto tipo de preguntas. ¿Cómo se les puede retar hoy en día?
R. Tienes toda la razón. Puedo pensar en preguntas que empleábamos 30 o 40 años atrás y gradualmente han ido perdiendo su efectividad, porque los políticos, socorridos por sus asesores, han solventado las respuestas. La batalla avanza periódicamente hacia un nuevo estadio. Cada cierto tiempo has de pensar en nuevos ángulos de aproximación, porque gradualmente los mandatarios aprenden cómo lidiar con ese nuevo acercamiento. Ahora, los políticos han dejado atrás viejas tácticas, como la de la jerigonza. Por ejemplo, cuando preguntabas si creían en la pena de muerte, la respuesta era un largo soliloquio que al llegar a su término lograba que el público hubiera olvidado el enunciado de la cuestión. Nixon fue uno de los pioneros de la dilación lingüística. En su entrevista con Frost sustituyó el escueto «ahora» por «en este preciso momento». La técnica del rodeo alcanzó sus máximas cotas en otro interlocutor de Sir David, precisamente el Jefe de Servicio en la Casa Blanca durante el escándalo Watergate, el general Alexander Haig, quien rizó el rizo al emplear «en esta coyuntura de maduración». Escandalizado ante semejante sandez, Frost arremetió en su siguiente intentona. En plena eclosión del sida, el ala republicana proponía la cuarentena de los afectados. Cuestionado por esta polémica iniciativa, Haig sostuvo que en lo que él creía era en la segregación profiláctica. «¿Y cuál es la diferencia?», arguyó Frost. «Ninguna, pero suena mejor», tuvo que aceptar el militar.

P. ¿Qué triquiñuelas han quedado desfasadas?
R. Ahora ya no emplean galimatías, porque audiencia y periodista nos hemos percatado de la obviedad. En las décadas de los 60 y 70, los políticos solían espetar a los entrevistadores: «¿Alguna vez ha dirigido un departamento del Gobierno que gestiona dos billones de libras al año?». Por supuesto que no. Vaya basura de respuesta. Pero así se libraban de la contestación. Hoy día, resultan más sutiles, contestan con una frase y, en una exhalación, cambian de tema. Han ganado en perspicacia. Este oficio es una inagotable partida de ajedrez. Así que ahora nos toca el turno de contrarrestar con una nueva pericia.

P. ¿Ha ganado usted en irreverencia en su aproximación a la clase política?
R. Cuando eres 30 años menor, miras con más respeto a los líderes. Una de las mayores dificultades en una entrevista está en la diferencia de edad, porque uno es muy impresionable cuando tiene 21 años y se enfrenta a políticos de 40. Pero cuando alcanzas al entrevistado y descubres que has compartido estudios con él en Oxford o en Cambridge, lo humanizas y tu visión se vuelve más crítica. Ahora que suelo ser mayor que mi interlocutor, adopto una cierta superioridad, lo cual es ciertamente injusto.

P. Ha entrevistado a los más insignes mandatarios de las últimas décadas. ¿Qué opina de las gentes que dictan nuestras vidas?
R. Los líderes mundiales no han cambiado de nivel en los últimos 30 ó 40 años, lo que sucede es que nosotros nos hemos vuelto más cínicos. No creo que sean peores que antes, pero tampoco observo ningún líder dorado.

A LA VEJEZ, LISONJAS. Desde noviembre de 2006, el periodista presenta, no sin controversia, Frost Over The World, en la cadena qatarí Al Jazeera. Se ha congratulado en pantalla del advenimiento de Obama: «La excitación es a nivel mundial», proclamó con euforia. Sus detractores afirman que su estilo se ha vuelto más adulador a medida que se ha hecho mayor, más rico y famoso que sus entrevistados. Lo cierto es que muchos de sus célebres invitados –políticos, nobleza, astros del deporte y del cine– han pasado a ser amigos. Cada verano, junto a su mujer Lady Carina, los agasaja con una fiesta de oropel en el jardín de su casa en Chelsea.

Tras investigar y entrevistar a la leyenda de la televisión, el dramaturgo Peter Morgan concluyó que el hábitat natural de Frost es una fiesta de cóctel. «Nunca tomará un taxi si puede tener una limusina, jamás una limusina si puede disponer de un helicóptero, y rechazará el helicóptero si se le brinda un avión privado».

De veinteañero antiburgués a caballero condecorado por la Reina. ¿Es Sir David un lacayo del sistema o un viejo zorro del periodismo?

P. ¿Le gusta la opulencia?
R. Me gusta más el lujo, la opulencia es exagerada.

P. ¿Qué responde a la gente que le acusa de haberse vuelto blando?
R. Eso quiere decir que no comprenden la técnica, porque a medida que vas madurando en este trabajo, averiguas nuevas formas de arrancar respuestas a tu interlocutor. Si erras, se va a cerrar en banda, has de conseguir que se abra. Por supuesto que hay momentos en los que se ha de dar una confrontación, por ejemplo, como sucedió con Nixon cuando abordamos el Watergate, pero con el candor también se obtienen muchos y buenos frutos. Por ejemplo, cuando entrevisté a Pierre Trudeau [primer ministro de Canadá entre 1979 y 1984] le planteé una cuestión aparentemente chistosa: «Si despierta en mitad de la noche porque alguien le está zarandeando, ¿responde en francés o en inglés?». El primer ministro se dio cuenta de que no era una pregunta en absoluto inocua, porque se estaba jugando los votos de su electorado francófono y anglófono. Así que hubo un silencio muy satisfactorio en el que meditó una acertada respuesta: «Si mis hijos se dirigen a mí diciéndome: ‘Hey pa’, les respondo: ‘What’s up, kids?’ (qué pasa, niños). Si en cambio optan por ‘Allô papa’, les respondo: ‘Oui (sí)’».

P. ¿Se considera un adicto al trabajo?
R. No, más bien soy adicto al móvil. Estoy colgado del teléfono todo el tiempo. Practico cricket, fútbol y vuestro deporte nacional [sic], el tenis. Lo que sí reconozco es que trabajo más duro que otras personas. En contrapartida, trato de escaparme al campo los fines de semana y pasar tiempo con mis hijos [tiene tres]. Es cierto que sábados y domingos también hago algo de trabajo de oficina. Tampoco he dejado de viajar. La última vez que hice repaso a mis vuelos, conté siete millones de millas.

P. ¿A qué personaje histórico le hubiera gustado entrevistar?
R. Los más obvios serían Jesucristo, Stalin y Hitler. Del último he estado cerca, porque entrevisté a dos de sus secuaces, el arquitecto del führer, Albert Speer, y el jefe de las Juventudes del Nacional Socialismo Demócrata Alemán, Baldur von Schirach. Una persona a la que ansiaba entrevistar y lo he conseguido más de una vez en los últimos años ha sido Mandela. Casi conseguí una cita con Ariel Sharon, pero sufrió el infarto cerebral y ya no fue posible. Hubiera resultado una entrevista controvertida, pero profundamente interesante, porque hubiéramos discutido el proceso de paz en Oriente Medio. No obstante, si tuviera que elegir, me quedaría con Ciro el Grande. Cuando estuve haciendo la serie de programas sobre cruces de civilizaciones y llegamos a Irán, averigüé que el monarca persa fue la primera persona de la Historia que ennobleció al ser humano en lugar de envilecerlo. Era un gran defensor de los derechos humanos, y además me hubiera deleitado con caviar.

P. ¿Por qué frase o entrevista le gustaría pasar a la posteridad?
R. John Smith, ex líder del Partido Laborista, dijo que yo tenía una forma de plantear preguntas cautivadoras con consecuencias potencialmente letales. Sería una buena descripción para mi epitafio. Pese a sumar 70 años, su retiro parece lejano. Prueba de ello es una intervención durante un programa australiano presentado por Margaret Whitlam, esposa del ex primer ministro Gough Whitlam, y al que Leonard Bernstein había sido también invitado. El compositor declaró que su jubilación arribaría cuando antes de una actuación dejara de sentir un escalofrío en la espina dorsal y náuseas en la boca del estómago. La réplica de Frost fue súbita: «Es gracioso. Yo me retiraré en el momento en que empiece a experimentar cualquiera de esos síntomas».

 Enlace original El Mundo

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Acerca de jmundaca

Papà de Daniela y Matilda, esposo de Pilo. Periodista, insatisfecho, feliz y con esperanzas permanentes.
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