¿Por qué nos gusta tanto publicar fotos de nosotros mismos?

Instagram2 ( Por Lola Pardo, el País) Madonna estrenó su perfil en Instagram tan solo unas semanas antes que Facebook anunciara que esta aplicación cumplía un récord: 100 millones de registros activos. Instagram es una aplicación gratuita que permite compartir fotografías en redes sociales como Facebook, Twitter o Tuenti. Pero, lo de publicar en las redes fotografías de uno mismo no es un tema exclusivo de los famosos. Tan solo en Facebook hay más de 109 millones de fotos que están etiquetadas como “mi”. ¿Qué significa esta locura por publicar fotografías de nosotros mismos?. ¿Estamos convirtiéndonos en adictos a nosotros?. ¿Son las redes sociales un espacio que dispara hasta extremos enfermizos el narcisismo?. ¿Se han convertido los autorretratos en una amenaza a nuestro sentido común?.

La “ambición rubia”, no es muy activa en su cuenta. Tan solo ha publicado 20 fotos y tiene algo más de 200.000 seguidores. Una actividad y un volumen muy diferentes al de otras celebridades como Rihanna que ha publicado en su perfil de Instagram miles de fotos y supera los 5,5 millones de seguidores. Pese a esta diferencia, las dos cantantes han sido noticia en los medios de comunicación de todo el mundo por publicar fotografías muy similares. Ambas han hecho las delicias de sus fans al compartir fotografías de sí mismas, hechas por sí mismas. A Madonna le bastó con publicar 7 autorretratos para conseguir portadas en todos los medios del mundo. Su mensaje de bienvenida fue un provocador: “¡Salud, hijos de p…! Estoy en Instagram” que ilustraba con una fotografía de su escote, mientras bebía un Martini. Semejante testimonio obtuvo, de manera casi instantánea, 8.000 “me gusta”. Rihanna no se queda atrás y ha protagonizado escándalos de lo más variados fotografiándose a si misma desnuda, fumando un porro (gigantesco) o en actitudes provocativas.
Según un estudio realizado por la psicóloga Pamela Rutledge, directora del Centro de Investigación de Psicología de los Medios de Comunicación, esta percepción sería del todo equivocada. Según Rutledge, lo que sucede es que estamos asustados por todo lo nuevo que implica el uso de las nuevas tecnologías y para explicar nuestros miedos “los consideramos como patologías cuando en realidad, la necesidad de registrar la propia imagen es tan antigua como la humanidad”, y añade: “los autorretratos ya existían en las pinturas rupestres y los jeroglíficos egipcios”. Rutledge explica la fiebre actual por los autorretratos recordando que es así desde que nació la fotografía pero: “mientras que en el S XIX los autorretratos precisaban de quedarse quietos y mostraban rostros sombríos, ahora podemos sacar fotografías en cualquier lugar y en cualquier momento”. A esto hay que sumarle el que: “en el entorno actual, la única manera de conocer gente es dar a conocer algo de ti mismo”. Visto así, lo cierto es que nada revela más de uno mismo que una fotografía en la que nos mostramos tal y como nos vemos o como queremos que nos vean…

En el estudio de Rutledge se explican los diferentes significados que tienen las fotos de autorretratos que publicamos en las redes sociales. Según este análisis, los autorretratos que publican personajes famosos como Madonna y Rihanna tienen como objetivo conectar con los fans. El mensaje, según Rutledge sería: “al hacerme yo misma esta foto de mí, ya sabes que este es un momento real y auténtico mío que comparto contigo, por lo que tú y yo debemos sentirnos más cerca”. Para los que no somos famosos, Rutledge nos explica otras posibles categorías en las que clasificar nuestros autorretratos fotográficos. En las fotos en las que el fotógrafo sale detrás de su cámara, lo que hacemos es utilizar a la cámara como un mecanismo para distanciarnos. Nos mostramos pero, no nos relevamos de manera completa. En las fotografías en las que nos mostramos a través de una pantalla, lo que tratamos de comunicar es que “estamos probando con una cara nueva”. En ambos casos, lo que se manifiesta es que “la fluidez de los medios digitales no permiten probar con identidades provisionales y desechables”. Cuando utilizamos la etiqueta “yo” o “mi mismo”, lo que queremos mostrar es “la conciencia artificial que tiene una foto en sí misma”. Los casos en los que añadimos una referencia temporal explicarían “una cronología de la experiencia vital del protagonista de la fotografía”. Los casos en los que mostramos el rostro sin más tienen como objetivo el confesar un estado de ánimo o una rasgo diferenciador como el de “aquí estoy explorando mi lado artístico, o bien, esta es una versión de mí, pero no es mi auténtico yo”. Un etiquetado irónico de un autoretrato sería un mecanismo de defensa. Algo así como “delegar la responsabilidad de lo que sucede en el autorretrato, fuera de lo que muestra la imagen”, afirma Rutledge.

Lo cierto es que, a la vista de los cientos de miles de fotos con autorretratos que compartimos en las redes sociales, atrás quedan los tiempos en los que, como decía Charles Dickens en relación a este tema: “sólo hay dos clases de retratos pictóricos de uno mismo: el serio y el de la sonrisita”. Y si no, que se lo pregunten a los fans de Rihanna que, tan solo en Instagram, tiene publicados 2.300 autorretratos.
Madonna estrenó su perfil en Instagram tan solo unas semanas antes que Facebook anunciara que esta aplicación cumplía un récord: 100 millones de registros activos. Instagram es una aplicación gratuita que permite compartir fotografías en redes sociales como Facebook, Twitter o Tuenti. Lo que tiene de especial Instagram es que ofrece la posibilidad de aplicar retoques a las fotografías para darles un aspecto profesional. Retoques que se aplican de una manera muy sencilla como filtros, marcos, colores retro y vintage. El éxito de esta aplicación es tal que, en abril del 2012, Facebook pagó mil millones de dólares por su compra.

La “ambición rubia”, no es muy activa en su cuenta. Tan solo ha publicado 20 fotos y tiene algo más de 200.000 seguidores. Una actividad y un volumen muy diferentes al de otras celebridades como Rihanna que ha publicado en su perfil de Instagram miles de fotos y supera los 5,5 millones de seguidores. Pese a esta diferencia, las dos cantantes han sido noticia en los medios de comunicación de todo el mundo por publicar fotografías muy similares. Ambas han hecho las delicias de sus fans al compartir fotografías de sí mismas, hechas por sí mismas. A Madonna le bastó con publicar 7 autorretratos para conseguir portadas en todos los medios del mundo. Su mensaje de bienvenida fue un provocador: “¡Salud, hijos de p…! Estoy en Instagram” que ilustraba con una fotografía de su escote, mientras bebía un Martini. Semejante testimonio obtuvo, de manera casi instantánea, 8.000 “me gusta”. Rihanna no se queda atrás y ha protagonizado escándalos de lo más variados fotografiándose a si misma desnuda, fumando un porro (gigantesco) o en actitudes provocativas.
Pero, lo de publicar en las redes fotografías de uno mismo no es un tema exclusivo de los famosos. Tan solo en Facebook hay más de 109 millones de fotos que están etiquetadas como “mi”. ¿Qué significa esta locura por publicar fotografías de nosotros mismos?. ¿Estamos convirtiéndonos en adictos a nosotros?. ¿Son las redes sociales un espacio que dispara hasta extremos enfermizos el narcisismo?. ¿Se han convertido los autorretratos en una amenaza a nuestro sentido común?. Según un estudio realizado por la psicóloga Pamela Rutledge, directora del Centro de Investigación de Psicología de los Medios de Comunicación, esta percepción sería del todo equivocada. Según Rutledge, lo que sucede es que estamos asustados por todo lo nuevo que implica el uso de las nuevas tecnologías y para explicar nuestros miedos “los consideramos como patologías cuando en realidad, la necesidad de registrar la propia imagen es tan antigua como la humanidad”, y añade: “los autorretratos ya existían en las pinturas rupestres y los jeroglíficos egipcios”. Rutledge explica la fiebre actual por los autorretratos recordando que es así desde que nació la fotografía pero: “mientras que en el S XIX los autorretratos precisaban de quedarse quietos y mostraban rostros sombríos, ahora podemos sacar fotografías en cualquier lugar y en cualquier momento”. A esto hay que sumarle el que: “en el entorno actual, la única manera de conocer gente es dar a conocer algo de ti mismo”. Visto así, lo cierto es que nada revela más de uno mismo que una fotografía en la que nos mostramos tal y como nos vemos o como queremos que nos vean…

En el estudio de Rutledge se explican los diferentes significados que tienen las fotos de autorretratos que publicamos en las redes sociales. Según este análisis, los autorretratos que publican personajes famosos como Madonna y Rihanna tienen como objetivo conectar con los fans. El mensaje, según Rutledge sería: “al hacerme yo misma esta foto de mí, ya sabes que este es un momento real y auténtico mío que comparto contigo, por lo que tú y yo debemos sentirnos más cerca”. Para los que no somos famosos, Rutledge nos explica otras posibles categorías en las que clasificar nuestros autorretratos fotográficos. En las fotos en las que el fotógrafo sale detrás de su cámara, lo que hacemos es utilizar a la cámara como un mecanismo para distanciarnos. Nos mostramos pero, no nos relevamos de manera completa. En las fotografías en las que nos mostramos a través de una pantalla, lo que tratamos de comunicar es que “estamos probando con una cara nueva”. En ambos casos, lo que se manifiesta es que “la fluidez de los medios digitales no permiten probar con identidades provisionales y desechables”. Cuando utilizamos la etiqueta “yo” o “mi mismo”, lo que queremos mostrar es “la conciencia artificial que tiene una foto en sí misma”. Los casos en los que añadimos una referencia temporal explicarían “una cronología de la experiencia vital del protagonista de la fotografía”. Los casos en los que mostramos el rostro sin más tienen como objetivo el confesar un estado de ánimo o una rasgo diferenciador como el de “aquí estoy explorando mi lado artístico, o bien, esta es una versión de mí, pero no es mi auténtico yo”. Un etiquetado irónico de un autoretrato sería un mecanismo de defensa. Algo así como “delegar la responsabilidad de lo que sucede en el autorretrato, fuera de lo que muestra la imagen”, afirma Rutledge.

Lo cierto es que, a la vista de los cientos de miles de fotos con autorretratos que compartimos en las redes sociales, atrás quedan los tiempos en los que, como decía Charles Dickens en relación a este tema: “sólo hay dos clases de retratos pictóricos de uno mismo: el serio y el de la sonrisita”. Y si no, que se lo pregunten a los fans de Rihanna que, tan solo en Instagram, tiene publicados 2.300 autorretratos.

Enlace Original El País

 

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Acerca de jmundaca

Papà de Daniela y Matilda, esposo de Pilo. Periodista, insatisfecho, feliz y con esperanzas permanentes.
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