Magic y la infancia eterna

Por Luis López ( El Mundo, España) Cejas canas, de abuelo; patas de gallo, de cincuentón; papada rolliza, de jubilado… Qué bonito llegar a viejo. Magic Johnson lo celebra desde la página web de su Fundación, donde, desde hace días, un reloj descontaba segundos hasta llegar a la medianoche pasada, cuando se cumplían las dos décadas exactas del anuncio de su enfermedad. El reloj a cero no marca el final, sino el principio. Y a esa alegría nos sumamos quienes 20 años atrás le creíamos irremediablemente enterrado.

Éramos demasiado menudos para comprender que VIH no es lo mismo que sida y que estar enfermo no significa estar muerto y, mucho menos, dejar de vivir. Aunque aquella incultura no era sólo cosa de nuestra falta de luces adolescentes, sino uno de tantos estigmas que nuestros mayores cargaban sobre los infectados por VIH. El tiempo, en cuerpo de Magic, se encargó de desmentir el supuesto destino inmediato, irremediable y fúnebre de los enfermos. Ése es su triunfo, revitalizado cada amanecer, un éxito que se suma al logrado aquel 7 de noviembre de 1991, al que corresponde la imagen superior. “La vida sigue y voy a ser un hombre feliz”, prometió entonces, en el inicio de una batalla con magníficas secuelas más allá de sí mismo.

Al anunciar su drama, negó los mitos circulantes y cambió la concepción sobre la pandemia. Antes que Magic, celebridades como el actor Rock Hudson o el tenista Arthur Ashe habían hecho pública su enfermedad, pero la repercusión de sus anuncios resultó apenas reconocible en la concienciación social. Sin embargo, desde Magic, definitivamente, el VIH dejó de ser una exclusiva de homosexuales, drogadictos y negros africanos, esos ‘apestados’, para convertirse en una amenaza posible para todos, también para un rico, famoso y heterosexual como Magic, que siempre había mostrado desprecio por las campañas antisida. La enfermedad cambió la filosofía de Magic y Magic cambió la filosofía sobre la enfermedad. Sacó a los infectados de la marginalidad, despertó a la sociedad de su infancia y nos perpetuó a muchos en ese tiempo virgen.

Magic, dirigiendo un contraataque.

Nada de lo que algunos vimos, casi palpamos, después, compite con la ilusión que emanaba de aquella NBA, desde el duelo Magic-Bird que enganchó a nuestros hermanos mayores hasta la dicotomía que nos tocó a los chavales de 1991. La ‘vida’ nos bendecía, aunque nos obligaba a la más dura de las elecciones, entre Michael Jordan y Magic Johnson, es decir, entre quien sería el mejor jugador de la historia y quien era nuestro modelo accesible. Jordan hacía cosas que era ridículo intentar incluso en canastas de minibasket. Sin embargo, para ‘ser’ como Magic bastaba la imaginación y una sonrisa. En los años que siguieron, Jordan se daría a competir con Dios y, durante sus retiradas transitorias y tras la definitiva, no le faltarían supuestos sucesores. A Magic, sin embargo, nadie jamás le mentaría herederos. Único, aún más que Jordan, no hubo nadie después que se le asemejara. Sólo nosotros, sus niños eternos.

PD.: En 1991, en un artículo en primera persona en el ‘Sports Illustrated’, Magic escribió: “Es casi seguro que en 10 años desarrollaré la enfermedad”. Pasaron otros 10 más y aún no lo hizo, como prueba de los avances de la ciencia y como denuncia de tantas muertes evitables.

Enlace Original El Mundo

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Acerca de jmundaca

Papà de Daniela y Matilda, esposo de Pilo. Periodista, insatisfecho, feliz y con esperanzas permanentes.
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