Patricia Matte: “Hemos perdido contacto con el Chile real”

Por Catalina Allendes ( Revista Capital). Es una de las mujeres más ricas del país y pertenece a ese lote que siente que ese privilegio conlleva una responsabilidad que ejercer en la sociedad. Dice que todavía se siente incómoda porque puede tener lo que otros ni siquiera sueñan. Y que no puede dormirse en los laureles cuando en las calles la cosa está que arde. “Hay mucha gente que aún vive en la estratósfera, que no quiere ver”. 

Eran las 6 de la mañana del jueves 25 de agosto –segundo día del reciente paro nacional– cuando Patricia recibió el llamado telefónico de su hija Magdalena: cerca de 60 personas habían entrado hacía algunas horas al colegio Eliodoro Matte Ossa, en San Bernardo, a destruir cuanta cosa encontraron a su paso. En su casa, en La Dehesa, lo primero que se le pasó por la mente fue que el ataque tenía que ver con eso. Con que es Matte. Con que el colegio lleva el nombre del padre de una de las familias más ricas de Chile, número 77 en el ranking mundial, según Forbes.

Pero por muchos millones que junte, Patricia Matte Larraín (67 años, casada, 4 hijos) está lejos de vivir aislada en una burbuja. Incluso, advierte que otros miembros del poder empresarial y político chileno sí están “en la estratósfera” y no son capaces de leer lo que por estos días se ha visto en las calles chilenas. Que el puntapié inicial es la educación, bien lo sabe. Pero que si se escarba un poco hay más que el fin del lucro, también lo tiene muy claro.

Cortó furiosa el teléfono y con esa idea atravesada en la cabeza se subió al auto y partió al colegio. La acompañaron su hija Magdalena, su nuera Bernardita –la mujer de Bernardo Larraín, el gerente general Colbún–, y una amiga suya que también colabora en el colegio. Ni medio guardaespaldas, ni medio chofer.

-¿No le dio susto salir ese día, oscuro, con todas las barricadas que mostraba la televisión esa madrugada? 
-Nada de susto. Cuando uno se pone en el lugar de lo que pide la gente, no da susto. Mi marido me dijo que cómo se me ocurría, pero yo no era capaz de aguantarme tantas horas sin mirar con mis propios ojos lo que había pasado.

Apenas puso un pie en el colegio, cuenta, dejó atrás la idea de que aquí había un ataque a los Matte.

-Me di cuenta de que era hilar muy fino. Entré y vi que los propios papás habían ordenado y limpiado el colegio. Me emocioné de tal forma, que toda la rabia que alimenté desde que salí de mi casa hasta San Bernardo se desinfló… Sobre todo, cuando vi la desesperación de esa gente que temía que les dijéramos que nos íbamos a ir de ahí.

-La calidad en la educación ha sido el motor de las movilizaciones, pero también hay un descontento que va más allá de eso y que tiene que ver con que la gente se siente “estafada”, como dijo Eugenio Tironi. La ciudadanía está cansada de los abusos, como el caso La Polar…
-Como que el caso La Polar lo hubieran contratado para agravar las cosas… Es tan complejo el tema. Tengo un hijo muy metido en Icare ahora (Bernardo) y dice algo que tiene mucha razón: el sector privado se habla a sí mismo, no habla para explicar al país lo que hace.

A nosotros, en la Sociedad de Instrucción Primaria (SIP), nos pasa: mucha gente no sabe lo que hacemos y otros dicen que para nosotros es fácil porque está financiado por los Matte. Y eso es falso. Los Matte hemos donado cosas o puesto los edificios, pero la administración y el costo de operar se financian con la plata de todos los chilenos, a través de las subvenciones.

-¿Pero no cree que, además, hay una distancia muy grande entre el ciudadano común y los dueños de las empresas? Para otros, el problema está en que se ha dejado todo en manos del mercado, sin poner las debidas regulaciones. 
-Aunque se pongan todas las regulaciones del mundo, cuando suceden casos como el de La Polar uno termina pensando que esto pasa por las personas. En educación hay un símil: uno puede tener una institución sin fines de lucro y está lucrando.

-Como las universidades. 

-Bastaría con que en el directorio de la SIP, por ejemplo, nos pagáramos unos estupendos sueldos, pese a que en los estatutos hay prohibición expresa de hacerlo. Uno podría violar los estatutos y nadie va a venir desde la tumba a decirnos algo. Estas cosas pasan por las personas.

La gente hoy tiene mucho más conocimiento, está mucho más empoderada, tiene más información. Ve cosas a las que le gustaría acceder y no puede y otras que, seguramente, no están bien.

-¿Qué haría usted con las universidades? ¿Transparentar la situación? Hay algunas, como la UNAB, Las Américas o la Santo Tomás, que derechamente pertenecen a fondos de inversión y otras que sí lucran a través de engorrosos tinglados.
-Esa es otra ley rara. Es raro que se pueda lucrar con la educación básica y media y no en la universitaria. Por lo demás, tiene una explicación que es lo menos democrática que hay: cuando se necesitó aumentar la cobertura escolar, los legisladores del momento pensaron démosle entrada al lucro para que aparezca la oferta. Pero después miraron la educación superior y dijeron, como no es para todos, seamos más preciosistas, entonces que sean sin fines de lucro. Es una mirada de sociedad. Es la mirada que hemos tenido siempre en Chile. En Chile siempre hemos destinado más recursos estatales a la educación superior versus la educación básica y pre básica, porque siempre pensábamos que queríamos formar una elite, pero nunca pensamos que todos alguna vez soñarían con la educación superior.

-¿Qué cree que tiene que hacer el gobierno?
-Yo encontraba genial la idea de decir okey aquí van a haber tres tipos de instituciones: con fines de lucro, sin fines de lucro y estatales. Ahora eso es impensable, y lo que tiene que hacer el gobierno es que se cumpla la ley, con transparencia e información. La pena va a ser que todas las universidades hacen falta, las que son de fondos de inversión o de fundaciones. Sería lamentable que desaparecieran. Otra cosa es que se les exijan estándares de resultados e información a los padres.

El Estado, al pizarrón 

-Hoy el tema que está puesto sobre la mesa es la enorme desigualdad entre ricos y pobres que sigue vigente en Chile. ¿Cómo ve usted la situación? 
-Hay otros países con tremendas desigualdades, pero a nadie le importa porque han llegado a un nivel de desarrollo tal que no es tema. Cuando la gente dice miren Europa, también hay que ver que millonarios suecos, ingleses o franceses se han llevado sus capitales afuera por las tasas impositivas que tienen en sus respectivos países. Pero eso a nadie le importa, porque hay un bienestar general, en que las cosas funcionan.

-Pero ahora han acudido al llamado del estadounidense Warren Buffet, en orden a pagar más impuestos.
-Absolutamente, pero en el caso chileno hoy, no basta con subir los impuestos. Hay que meterle gestión a los programas. Y si los empresarios hoy día pueden donar gestión, bien. Hay ejemplos muy buenos de ello. No sólo meter plata, también cabeza.

Mientras el Estado no lo haga bien, los chilenos tenemos que fiscalizar qué pasa con los recursos que estamos transfiriendo, qué pasa con nuestros impuestos. A lo mejor no estamos pagando lo que debemos pagar, pero no estoy segura de eso. Nadie me lo ha podido demostrar.

Yo sé que, si tuviera más plata de la que dispongo en educación, podría hacer más cosas. Pero también he demostrado que se pueden hacer cosas buenas con lo que hay.

-Ya se ha comenzado a debatir la idea de subir impuestos a las empresas para financiar las demandas sociales. Algunos se han mostrado muy contrarios. 
-Yo les diría a los empresarios que, en vez de decir que no a una reforma tributaria porque el país no va a crecer más si suben los impuestos –lo que es una mentira, por lo demás, porque va a seguir creciendo–, que estén disponibles mientras les muestren las cifras. Que el Estado rinda cuentas de cuánto gasta, cuánto necesita y por cuánto tiempo. Después de eso, hablemos de subir impuestos.

Tampoco tenemos que extremar. Hemos estado mal en eso, también. Se ha estado diciendo tripliquemos el gasto público, y mira lo que está pasando en el mundo con los estados de bienestar: están quebrados.

-¿Tiene usted algún cálculo de las ineficiencias que tanto se acusan en la gestión de la educación por parte del Estado? 
-Todos lo saben, pero nadie ha hecho el cálculo. La cantidad de colegios que tienen 100 alumnos y que no se financian es altísima. Nosotros sabemos que tenemos que tener sobre mil alumnos en total y que en cada curso debe haber al menos 43 niños, para financiarnos.

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Acerca de jmundaca

Papà de Daniela y Matilda, esposo de Pilo. Periodista, insatisfecho, feliz y con esperanzas permanentes.
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