Adiós Felipe

No soy un televidente asiduo. Veo algunas cosas puntuales, fútbol, las noticias, los dibujos animados que ven mis hijas, etc. Por lo mismo siempre me parecía en extremo curioso  cuando las personas -especialmente mi abuelita-  me hablaban  de los conductores de televisión como si fueran sus amigos. Siempre que escuchaba un  “Felipe”, “Rafael”, “Julián” “el Kike’’, respondía en forma instantánea ¿son tus amigos que los llamas por el nombre? 

Pero mi visión comenzó a cambiar tras el accidente del 2 de septiembre. Traté de entender por qué una persona es capaz de sentir abatida por la muerte de un extraño. Traté de  empatizar con ese sentimiento y llegué a la conclusión que el llanto desolador de miles de personas por la muerte de Felipe Camiroaga es el reflejo de una sociedad solitaria, comunicacionalmente truncada.

En muchos hogares, la única persona que te habla de frente, que te miras a los ojos, que te cuenta lo que tú quieres escuchar, que te hace reír y que te acompaña, no está a tu lado. Está al frente, detrás de una caja negra. Y eso no puede causarnos alegría.

Sin duda es una construcción de la realidad triste. Camiroaga no es nuestro amigo. Es un gran comunicador,  qué duda cabe, pero sólo es eso. Simplemente un animador de televisión. (No quiero entrar el dolor de quienes sí lo conocían. Por favor no mal entender mi idea).

El problema es que dejamos entrar a un extraño  a nuestras casas, convirtiéndolo  silenciosamente en nuestro mejor amigo, en nuestro familiar más querido. ¿Cuántas veces nos hemos sorprendido desayunando con un matinal, almorzando con una teleserie, las noticias o “Los Venegas’’?  Muchas cierto. La muerte de Camiroaga nos llegó tan profundo, porque todos alguna vez lo dejamos pasar a nuestro living.  Todos nos sentimos amigos de él.

Francia I. Herrera et ál (1997) “La comunicación en la familia puede enriquecerse o empobrecerse a través de la exposición de la televisión, dependiendo del estilo de vida de la familia y las circunstancias. En algunos hogares la televisión permanece prendida tanto tiempo como pasa la familia en actividad, pero la comunicación de la familia no parece verse alterada por este hecho’’

No quiero entrar tampoco en la fascinación que todo artista provoca.  Este análisis dista de eso. Quizás muchos quisiéramos tener todo lo que tiene Leonardo Farkas. Pero estoy seguro que nosotros no queremos vivir en la parcela en Chicureo, tener halcones, nueve perros y no sé cuántos caballos. Nos bastaba con que nuestro amigo  fuera feliz con ello. Cuántas personas soñaban con que Camiroaga se casara y fuese feliz.

Sin duda era un amigo de verdad. De esos que si están felices, uno también lo está.

Algunos han dicho en las horas post accidente que hay un gran desafío en la televisión  y sus conductores. Yo no lo creo. Sería asignarle una responsabilidad que no tienen.

“La clave no está en el aparato, sino en la actitud que adoptamos ante ella’’.  (ib)

Yo invitaría a todos a reflexionar. El desafío como sociedad está en apagar la televisión y encontrar el verdadero amigo, la verdadera comunicación que es en directo, personal  y no a escalas industriales.   Entender       que el anciano y los niños también les gusta conversar, caminar, ser escuchados.  Y que su adicción a la TV es sólo una respuesta brutal al silencio de sus cercanos.

Al César lo que es del César. Que la televisión trate de educarnos, entretenernos e informarnos, pero el amigo, el familiar querido siempre debe estar sentado al lado de nosotros y no enfrente y menos al interior de una caja negra.

Chao Felipe. Hasta pronto.

Francia I. Herrera et ál (1997) “La televisión’’. Disponible en http://www.monografias.com/trabajos13/televis/televis.shtml#INFLU (última revisión, 4 de septiembre 2011)

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Acerca de jmundaca

Papà de Daniela y Matilda, esposo de Pilo. Periodista, insatisfecho, feliz y con esperanzas permanentes.
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7 respuestas a Adiós Felipe

  1. claudia latorre dijo:

    Julio, me encantó tu columna.
    Una visión más racional en estos días que han sido de pensar más con el corazón que con la cabeza, aunque no sé qué es mejor.
    Me identifiqué con tus palabras desde la partida porque -al igual que tú- no soy una televidente asidua. Prefiero la música. Aunque de refilón veo harto futbol porque a mi esposo le encanta. Y también veo las noticias, las de la mañana y de la noche (y por ende más futbol)…
    Pero caramba que me impactó la muerte de Camiroaga…
    Pa’qué estamos con cosas, me siento mejor si le digo Felipe.
    Sí. Me impactó la muerte de Felipe.
    Y después de leer tu columna me puse a analizar cuánto tiempo de mi vida este Felipe estaba en mi pantalla. Y eso me impactó más aún. No más de 10 minutos en la semana (como mucho) lo veía mientras me alistaba para el trabajo, o escuchaba desde el baño mientras me peinaba. Y me alegraba ese ratito, me reía con sus chistes. Pero obviamente mi día no dependía de ello.
    Aparecía en forma esporádica en mi vida que está llena de mil cosas.
    Una “presencia prescindible”. Absolutamente prescindible.
    Su imagen nunca fue necesaria para mí para sentirme acompañada, o conectada, o comunicada, o con vida social, o con nexos diversos con el mundo. Si apenas lo veía 10 minutos en la semana!!
    Pero por Dios que lloré su muerte . Y todavía me sigue dando pena. Y como muchas personas aún no asimilo su partida. Simplemente no la entiendo.
    Me entristeció la muerte de los 21, por lo mismo que a todos los chilenos. Porque era gente buena, que viajaba por una causa noble, para levantar Chile. Conocimos a este generoso señor Felipe Cubillos, gran hombre y muy desprendido, que además de dedicar su tiempo valioso a esta noble causa también regaló bienes materiales a quienes más lo necesitaban, y lo hizo sin publicidad, anónimamente (y hay otros rubios de cabellera crespa y larga que por dejar una buena propina en un restaurant llaman a todos los medios de comunicación).
    Pero me estoy desviando del tema.
    Es de otro Felipe que estábamos hablando. De este gran comunicador que se nos fue de golpe, de forma inesperada, haciendo el bien. Digno protagonista de una gran tragedia romana, como si el guión de ese 2 de septiembre lo hubiese escrito Shakespeare.
    Y como buena tragedia, tenemos que darle el final esperado, el que sentimos, el que nos nace espontáneamente: el llanto.
    Y derramar en esas lágrimas toda la pena contenida. Llorar por los Felipes, por Roberto Bruce, por la piloto, por la gente de la Fach, por los de Levantemos Chile, por los otros personajes menos conocidos pero igualmente importantes de Buenos Días a Todos, por la gente del Ministerio de Cultura, en fin, por todas esas nobles personas que abrazaron la isla de Juan Fernández hasta fundirse con ella.
    Y también nos camuflamos en esta pena para llorar por las causas personales y por las de todo el páis. Por nuestras insatisfacciones y frustraciones.
    Después del llanto inicial que provoca el impacto de esta lamentable pérdida, este accidente es una válvula de escape para llorar por ésta y otras causas.
    Es un distractor para nuestras propias penas.
    Y es un distractor para las penas del Gobierno. Y se está transformando en un “objeto de deseo” para competencia del rating de los canales de televisión.
    Capítulo aparte sería hablar de que la forma de comunicarnos ha cambiado, de que paradojalmente el que podemos sentir más cerca en nuestros corazones puede ser aquel que está más distante físicamente, o de lo importante que es mirarse cara a cara o a los ojos…
    Da lo mismo, igual me da harta pena que se haya muerto Felipe.
    Deseo que descanse en paz junto a las otras 20 personas.
    Y como le dijo Adán a Eva, demos vuelta la hoja.

  2. claudia dijo:

    JULIO, LUEGO DE LEER TUS PALABRAS.. LLORÉ MI PENA DE LA PÉRDIDA DE FELIPE SIN CULPAS. ERA MINO, SIMPÁTICO, BUENA ONDA…Y SIMPLEMENTE LO VEÍA MAS SEGUIDO QUE A MI PROPIO HERMANO.
    SE AGRADECE LA COMPRENSIÓN SIN CAER EN LAS DESCALIFICACIONES….DE LA LOCA QUE ANDA LLORANDO GENTE QUE NO CONOCÍA. SOY SUPER SENSIBLE, ADMIRADORA IRRESTRICTA DE CAMIROAGA Y TENGO PENA, MUCHA Y PUNTO.
    |SALUDOS

  3. Laura R.C. dijo:

    Estimado Julio: al escribir de manera simple y sencilla, hace que la lectura de tu columna sea más cercana. Las personas de las que hablas eran amables y simples. No posaban de buenos, eran buenos. Por eso causaban tanta empatía en personas remotas.
    Abrazos y felicitaciones por el blog….

  4. Me recuerdas una paradoja que nos hacía ver, hace años ya, el certero Eduardo Galeano: en América Latina los medios de comunicación nos incomunican. No sé si la televisión es la causa del aislamiento y la soledad, o es apenas un refugio tardío para morigerarlas. Lo claro es que, en cualquier caso, se la debe tratar con sumo cuidado y responsabilidad puesto que, parafraseando nuevamente –esta vez a Umberto Eco—es preciso no olvidar aquello de que “la televisión se nos aparece como algo semejante a la energía nuclear. Ambas sólo pueden canalizarse a base de claras decisiones culturales y morales”. De nada de esto es responsable Felipe, por supuesto. Él sólo fue un buen comunicador social, que hizo su trabajo con talento y esmero. Enterarme de cuál fue su canción favorita –de Silvio Rodríguez, nada menos—me lo enaltece aún más todavía. Bien ganado el pesar y el recuerdo colectivo.
    Un abrazo!

  5. Fernando Osorio dijo:

    En horabuena su columna Don Julio. Pese a que su visión apela a la falta de comunicación existente, me gustaría hacer hincapié en el por qué la TV tiene un papel preponderante en nuestra sociedad.

    Primero, varios estudios aseguran que la relación entre la TV y la gente, se acrecienta en sociedades con bajos niveles de lectura. Segundo, esta archicomprombado que en la sociedad moderna las relaciones humanas están profundamente marcadas por la TV. (Un experimento en Alemania demostró que quienes no veían TV, eran aislados en sus trabajos). Y Tercero, las cifras indican que la presencia del TV en la primera infancia ha crecido un 580 % solo en Europa. El estrecho vinculo que existe entre la TV y los seres humanos, más allá de las relaciones interpersonales o familiares, tiene que ver con la dinámica de vida que sostiene la sociedad moderna. Hay causas más profundas, como la publicidad y el mercado, pero esa es harina de otro costal.

    Más allá de ello, controlar la relación que establecen nuestros hijos con la caja negra es fundamental para crear un cambio como el que usted propone. De todas formas, también hay que echar un vistazo a lo que está pasando con internet y los adolescentes, para entender como lo virtual le quita espacio, a pasos agigantados, a todo lo que es real, a todo lo que es humano.

    Saludos

  6. Super de acuerdo. El viernes cuando comenzó la noticia, y veía a la gente sufrir por alguien que ni te conoce, no podía entender como era posible. Con el pasar del fin de semana fui sabiendo como reaccionaban personas cercanas a mi ante la tragedia, sabiendo su testimonio y su manera de compartir con Camiroaga, llegando a descubrir que es lo que perdía cada uno con la ida de esta persona que cada día entraba a compartir a su hogar.
    Es increible como se apega la gente solitaria a estos personajes, realmente no me habia dado cuenta, y criticaba al aire sin saber, bonito desafío el de lograr apagar la TV, dificil de cumplir, pero siempre se puede dar algo mas…la gente que apagará la tele creo que lo agradecerá..

    • Anaysa dijo:

      Muy interesante el artículo de Julio y las opiniones de los lectores. A mí también me llamó mucho la atención la reacción de tantas personas, no el dolor porque ese yo también lo sentí, a pesar de que apenas veo tele y no veía el Buenos Días a Todos; pero lo trágico del accidente, lo largo del duelo por las ciscunstancias y la calidad humana de las personas que murieron, hacen que sea muy difícil aceptar lo ocurrido.
      Decía que lo que llamó mi atención fue la reacción de las personas, el que fueran capaces de pasar horas y viajar desde todas partes de Chile para estar fuera del lugar donde Camiroaga trabajaba, esperando una noticia que la razón decía que no iban a dar, pero que el corazón se empeñó en esperar.
      Y concuerdo que en gran parte esto se debe a la soledad tan triste de la sociedad chilena; llevo 18 años vivendo en Chile y creo que lo más difícil, sobre todo para una caribeña como yo, ha sido aprender a vivir con tanto desapego en las relaciones interpersonales y tanto aislamiento. Me cuesta aceptar que puedan pasar semanas y hasta meses sin ver a la familia, a los amigos y que eso se tome como algo normal, propio del poco tiempo y lo ajetreado de los días. Efectivamente, la gente ve más a los animadores que a sus propios hermanos, y eso explica que los lloren como tal, más si es alguien tan carismático y empático como Felipe. Yo no conocía su faceta social, no lo conocía mucho a él y no sabía que ayudaba tanto a las personas, tampoco que le gustaba Silvio Rodríguez, lo que significó un orgullo para mí.
      Mucho se ha hablado del legado que él y los otros 20 dejaron tras su muerte; de las lecciones que deberíamos sacar. Ojalá la revisión de nuestras relaciones y la verdadera preocupación por el prójimo sea una de ellas. Perdónenme si esto molesta a algunos, me siento chilena y formé mi familia acá, pero cuando hablan de Chile como un país solidario, me gustaría que se revisara qué significa realmente la solidaridad; no basta con dar plata una vez al año para los niños enfermos, cuando eres incapaz de ayudar a alguien en la calle o ni siquieras sabes el nombre de tu vecino.
      Quizás estas nuevas generaciones que están demostrando mayor conciencia social, nos regalen para nuestra vejez un país humanitariamente tan lindo como sus paisajes.

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