El cerebro de los artistas es estructuralmente distinto al de las personas que no se dedican al arte

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Un estudio realizado en Bélgica con estudiantes de arte mostró diferencias significativas en ciertas partes del cerebro, en comparación con el de personas que no se dedican a ese tipo de actividades.

 

Artistas tienen fama de excéntricos, de vivir incómodos en aquello que la sociedad más privilegia y, por consecuencia, preferir las márgenes, en varios sentidos: las márgenes de la opinión hegemónica, de la moralidad imperante, de los gustos celebrados. Es posible, claro, que ésta sea una romantización, pero con cierta frecuencia los artistas destacan por ir a contracorriente de su propia época.

Hace unos días, investigadores de la universidad belga de KU Leuven, publicaron un estudio en el que se sugiere que el cerebro de las personas dedicadas a actividades artísticas es estructuralmente distinto al de aquellas que no tienen en el arte su ocupación principal.

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El genocidio de indígenas en el sur de Chile que la historia oficial intentó ocultar

selkman1( Por Héctor Cossio, El Mostrador) Después de varios años de investigación en La Patagonia chilena y argentina, el historiador español José Luis Alonso Marchante publicó el libro “Menéndez. Rey de la Patagonia”, el texto definitivo –según expertos en el tema– sobre la verdad de la extinción de los selk’nam en la Tierra del Fuego, que en rigor se trató de un exterminio ordenado por José Menéndez, el gran latifundista del sur de Chile, sobre cuya familia existen sendos museos en Punta Arenas, y a quien se le atribuye el desarrollo económico de la región.

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La neuroeducación demuestra que emoción y conocimiento van juntos

neuroducacion(Por Carlos Arroyo, El País de España)  La neuroeducación es una nueva visión de la enseñanza basada en el cerebro. Es una visión que ha nacido al amparo de esa revolución cultural que ha venido en llamarse neurocultura. La neuroeducación aprovecha los conocimientos sobre cómo funciona el cerebro integrados con la psicología, la sociología y la medicina, en un intento de mejorar y potenciar tanto los procesos de aprendizaje y memoria de los estudiantes, como los de enseñanza por parte de los profesores.  Seguir leyendo

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Alexander Mora, un campesino que anhelaba ser maestro

Diario El País

Diario El País

(Por Oscar Granados, diario El País) Ezequiel Mora cierra el puño de su mano derecha y golpea su pierna con fuerza: “Yo no quería que fuera a la normal, pero se aferró”. Su voz es tan baja que apenas se escucha. Habla de su hijo, Alexander Mora, como si aún estuviese vivo. Sin embargo, en su humilde casa, en El Pericón —un pequeño pueblo en Guerrero, con 1.900 habitates—, le ha puesto un altar como si estuviese muerto. Una cruz hecha con flores blancas, un par de veladoras y un listón negro rodean los retratos de Alexander, el único de los 43 estudiantes desaparecidos del que se han localizado los restos. El 16 de septiembre se vieron por última vez: “Lo llevé junto con su hermana a un baile… hablamos de la escuela. Estaba recontento”, comenta Ezequiel mientras arregla los gladiolos rojos que acaba de comprar para la ofrenda. “Su deseo siempre fue ser maestro y llegar hasta el último rincón de Guerrero”. Seguir leyendo

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Educación: Pensar en Entornos ubicuos de aprendizaje

( Por Paola Dellepiane) El potencial transformador de las TIC está siendo cada vez más evidente, no sólo porque constituye una herramienta sino porque genera nuevos modelos de aprendizaje y de enseñanza.

Esta noción de “en cualquier momento y en cualquier lugar”, característica propia del la ubicuidad, es posible ampliarla si incluimos a las personas, como sujetos potenciales de experimentar el aprendizaje y compartir conocimiento. Así, gracias al desarrollo de los dispositivos digitales, el aprendizaje ubicuo se convierte en un imperativo social.

El aprendizaje ubicuo representa un nuevo paradigma educativo que es posible gracias a la tecnología disponible y a los nuevos medios digitales.

Las tecnologías cambian nuestra forma de actuar y también de pensar, nos proporcionan nuevos espacios de aprendizaje informal y no formal con posibilidades de interactuar con otros, no tan cercanos, estableciendo conexiones y compartiendo intereses. Todo esto tiene sentido gracias a la ubicuidad, lo que resultará en la construcción de una red que es red de redes. Una red sin personas, no puede ser, tal sin las conexiones con las herramientas y los demás objetos que componen la red de Internet. Una red no puede existir sin actividad frecuente.

¿Cómo construir propuestas educativas valiosas en tiempos de ubicuidad?

En palabras de Burbules, la tecnología no es sólo una máquina o un objeto en sí mismo, es siempre un objeto y cómo se utiliza. Así, proveemos de acceso a los jóvenes pero descubrimos que usan la tecnología de una manera que no es la que pretendíamos en sus orígenes.

¿Cuál es entonces el significado de la ubicuidad? Las tecnologías nos están volviendo omnipresentes, nos permiten estar conectados permanentemente y vincularnos en red.

Sin embargo, la noción de ubicuidad tiene también otros significados. Por ejemplo, utilizamos la tecnología para expandir nuestra memoria, en algún sentido, más allá de su capacidad finita, gracias a dispositivos tecnológicos.

Siguiendo a Dolors Reig: ¿Mi computadora me ha vuelto más inteligente? ¿es ella parte de mi inteligencia?

La tecnología me posibilita contacto instantáneo con muchas personas, juntos somos más inteligentes que cualquiera de nosotros separados, entonces, ¿podemos decir que la red distribuida de inteligencias es parte de mi inteligencia? Al ser ubicua, de algún modo, podemos decir que sí.

Las TIC desafían los límites espaciales y temporales de las escuelas, más allá del aula los jóvenes tienen acceso a una riqueza de oportunidades de aprendizaje que sobrepasa por volumen y diversidad lo que podría existir en cualquier aula o biblioteca escolar. En este escenario: ¿cómo se diluye la diferencia entre educación formal e informal?

No es cuestión de poner computadoras en el aula, sino romper los límites de lo que es el “aula” y dónde y cuándo realizan sus aprendizajes más importantes los jóvenes hoy.
También significa que hay que llevar a la clase actividades que involucren otras herramientas de aprendizaje y recursos, tal sería el caso de los celulares, que hoy posen muchísimas funcionalidades más allá de hablar o enviar mensajes de texto.

¿Hacia dónde tendríamos que ir? 

Aprovechar la ubicuidad como oportunidad de aprendizaje a lo largo de la vida, pensando la educación como un proceso continuo y en permanente cambio.

Pensar a la escuela como una red distribuida de conocimiento. Pensar que las escuelas no son el único y principal lugar en el que hay aprendizaje, contemplar una noción de entorno como espacio de flujos en red que reconfiguran la posición de la escuela como nodo, más que como centro de aprendizaje. (Cristóbal Suárez)
Las tecnologías son poderosas herramientas colaborativas y en red que rompen los límites espaciales y temporales de lo que entendemos como un aula. Nociones como m-learning, PLE, redes sociales, MOOC, son ejemplos de nuevas formas de pensar el aprendizaje que son necesarios repensar en la escuela.
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Sociedades del conocimiento y diversidad cultural

sociedad del conocimiento(Por Luis A. Albornoz, Revista de Pensamiento sobre Tecnología y Sociedad) A finales de febrero de 2013 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), junto a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo (CNUCYD), realizó la primera reunión multisectorial de evaluación de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información: CMSI + 10.

Durante tres días, en la sede parisina de la Unesco tuvieron lugar varias sesiones plenarias, 83 sesiones temáticas, en las cuales participaron cerca de 1.400 personas provenientes de 130 países. A estos participantes se adicionaron otras 800 personas que siguieron los debates a través de Internet.

La idea de los organizadores de este enorme fórum de debate -que contó con el sostén de grandes empresas como Walt Disney, Google o Verizon- fue reflexionar sobre los desafíos que enfrentan nuestras sociedades en materia de educación, cultura y comunicación y ofrecer principios que guíen una renovada estrategia de la Unesco en su búsqueda de unas sociedades del conocimiento para la paz y el desarrollo sustentable.

Ante este reto es conveniente hacer un poco de memoria. Hace una década la primera fase de la CMSI (Ginebra, 2003) se saldó con dos documentos oficiales de filiación tecno-difusionista: la Declaración de Principios y el Plan de Acción. Ambos proclamaron la necesidad incentivar la inversión privada para el desarrollo de infraestructuras de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en un denominado ‘entorno habilitador’; es decir, un ambiente propicio para la rentabilidad de las grandes proveedoras de acceso a Internet. Por su lado, las distintas organizaciones agrupadas bajo la etiqueta ‘sociedad civil’ presentaron una declaración propia que reclamó una Sociedad de la Información (SI) basada no en los intereses del capital, sino en las necesidades humanas.

Se agudiza la brecha digital

Esta divergencia demuestra el enfrentamiento de intereses y enfoques que tuvo lugar en Ginebra hace diez años. Mientras los gobiernos de algunos de los países desarrollados, en concordancia con el sector corporativo privado, pusieron el acento en la expansión de infraestructuras, los representantes de la sociedad civil junto a los gobiernos de varios países en vías de desarrollo explicaron que la brecha digital es la consecuencia lógica de la desigualdad económica internacional.

Dos años más tarde, durante la segunda parte de la CMSI (Túnez, 2005), el Programa de Acciones de Túnez para la Sociedad de la Información, claramente centrado en el funcionamiento de Internet, otorgaba a los Estados nacionales un rol subsidiario en relación al sector corporativo privado-comercial. A su vez, este documento oficial dejaba prácticamente de lado el tratamiento de importantes problemáticas planteadas por las ONG: el papel de los medios, la convergencia entre sectores o la propiedad intelectual en el marco de las nuevas redes digitales. Asimismo, la creación del Fondo de Solidaridad Digital, que suscitó expectativas para paliar la brecha digital entre naciones, fue aprobada como un fondo ‘voluntario’.

La expansión que han registrado las tecnologías digitales en la última década es innegable. Si bien cerca del 66 por ciento de la población mundial no accede hoy a Internet, se ha pasado de 361 millones de internautas registrados en 2000 a más de 2.400 millones de internautas en todo el planeta. Por su lado, la penetración de los smartphones no cesa: en Australia, el Reino Unido, Suecia, Noruega, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos más del 50 por ciento de sus respectivos habitantes utilizan smartphones. Y otros siete países -EEUU, Nueva Zelanda, Dinamarca, Irlanda, Holanda, España y Suiza- registran penetraciones superiores al 40 por ciento. Si observamos la televisión digital, encontramos que se pasó de una penetración del 23,5 por ciento a finales de 2007 al 48,5 por ciento a finales de 2011.

Pese al fuerte crecimiento de ciudadanos de todo el planeta conectados al novedoso paisaje digital, como bien nos recuerdan Mansell y Tremblay, «Nada prueba que exista una relación directa entre los avances en las tecnologías digitales y la transformación social» (2013, p. 60) . Precisamente en esta afirmación subyace una pregunta clave: ¿cuáles son los verdaderos objetivos que animan a las sociedades a abrazar las tecnologías digitales?

Es ciertamente posible reducir la brecha entre aquellos que tienen acceso a las tecnologías digitales y aquellos que no, si existe una firme voluntad política y si se asignan recursos a tal fin. Pero el acceso a las tecnologías digitales es un elemento necesario aunque no suficiente para garantizar el desarrollo y realización de las personas y las sociedades.

Una reciente investigación realizada por el equipo Connected Learning Research Network a que en los países del Norte se verifica el surgimiento de una nueva brecha relacionada con el uso que hacen los jóvenes de tecnologías digitales. La diseminación de estas a gran escala no impide la brecha que separa a aquellos jóvenes que encuentran apoyos y guías en su contacto con el mundo digital y aquellos que simplemente no los tienen.

En este sentido, la pertenencia a una determinada clase social y el entorno familiar se revelan como factores decisivos para que los jóvenes de hoy a partir de su contacto con las redes y contenidos digitales puedan desarrollar habilidades de cara a un competitivo y volátil mercado de trabajo. En palabras de la antropóloga cultural Mizuko Ito: «Hoy en día las diferencias básicas entre usuarios en cuanto al hardware o la conexión no son tan pronunciadas como las que había hace 10 años. Sin embargo, en la actualidad la brecha de oportunidades tiene que ver más con las redes de apoyo social y cultural, cada vez más necesarias»3.

Conocimiento y diversidad cultural

Fue en la segunda fase de la CMSI (Túnez, 2005) cuando la Unesco en su informe Hacia las sociedades del conocimiento sugirió pasar de pensar la SI a pensar ‘sociedades del conocimiento’, en las cuales la participación ciudadana debe tener un papel central. Allí se reconocía al respeto por la diversidad lingüística y cultural como uno de los pilares de las sociedades del conocimiento, junto a la libertad de expresión y de información, el acceso universal a la información y el conocimiento y una educación de calidad para todos. Precisamente en la defensa de la diversidad cultural la Unesco ha volcado una importante parte de su trabajo en los últimos años.

En paralelo a su participación en la CMSI, la familia de naciones congregadas en torno a la Unesco ya venía trabajando en la defensa de la diversidad cultural, trabajo que cobró fuerza con el debate sobre la inclusión o no del audiovisual en la lista de bienes y servicios ‘liberados’ para su comercialización que tuvo lugar en la década de 1990.

La Declaración universal sobre diversidad cultural (2001) afirma que la diversidad cultural es para el género humano tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos. Y la considera como patrimonio común de la humanidad, cuya salvaguarda constituye un imperativo ético inseparable de la defensa de la dignidad humana.

Por su parte, la Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales (2005), actualmente ratificada por 125 países más la Unión Europea, reafirma el derecho soberano de cualquier Estado a formular políticas culturales, así como a adoptar medidas para proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales. Y expresa que «El acceso equitativo a una gama rica y diversificada de expresiones culturales procedentes de todas las partes del mundo y el acceso de las culturas a los medios de expresión y difusión son elementos importantes para valorizar la diversidad cultural y propiciar el entendimiento mutuo».

Sin embargo, cómo lograr el proclamado acceso equitativo a una gama rica y diversificada de expresiones culturales continúa siendo un desafío de enorme calado no solo para los países en vías de desarrollo, sino también para aquellos países tecnológicamente desarrollados.

Las redes y soportes digitales han venido a complicar el panorama y reavivar un discurso tecno-determinista que relaciona de forma automática tecnología digital y diversidad cultural. Así, la implementación de la televisión digital o la conexión a Internet traerían automáticamente aparejada la diversidad de expresiones culturales.

Sin entrar en un análisis detallado sobre este discurso ni negar las nuevas posibilidades de producción, difusión e intercambio que potencian las redes y soportes digitales, es necesario subrayar que se trata de un discurso que ignora las especificidades de cada industria cultural y el fuerte peso de cada región y país en la configuración de sus singulares funcionamientos. Se trata, asimismo, de un discurso que desconoce fenómenos como la re-territorialización de la Red de manos del copyright, el etiquetado de contenidos por parte de los motores de búsqueda o el peso de los nuevos intermediarios digitales. Desconoce, por ende, las estrategias y tácticas de los agentes económicos y actores sociales y las políticas de los poderes públicos. En síntesis, desconoce el carácter socialmente construido de los mercados de la información, la comunicación y la cultura.

Trabajar por la defensa de la diversidad de las expresiones culturales

La ilusión puesta hace una década en las tecnologías digitales como garantes de una automática diversidad cultural ha revelado ser solo eso: una ilusión. Y hoy es evidente el desequilibrio que existe entre un enfoque dominante centrado en el mercado-capitalismo y otro enfoque basado en el fomento de los bienes comunes, de lo compartido.

A principios de 2012 la sección española de la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC) elaboró el Manifiesto por el cambio cultural y comunicativo, que señala la paradoja existente entre las posibilidades brindadas por las tecnologías y el deterioro democrático de nuestras sociedades: «Hay un contraste brutal entre las dinámicas sociales participativas -se comparten ideas y recursos por las redes- y el deterioro de las democracias. Estas están cada vez más orientadas a seguir, incluso contra los electorados, los dictámenes de los agentes financieros metamorfoseados en prescriptores y dirigentes de las políticas públicas en nombre de los mercados. Redefinir y regenerar las democracias son tareas del presente, lo que no es posible sin introducir, simultáneamente, factores de igualación social y de reconocimiento de las diversidades que reconcilien a la sociedad con la utilidad de la gestión pública».

Asimismo, el Manifiesto, firmado por más de un centenar de profesores e investigadores universitarios del campo de la Comunicación y la Cultura, denuncia un aumento de la concentración empresarial y la disminución del pluralismo en el ámbito comunicativo y cultural. «La situación se agrava cualitativamente puesto que los nuevos actores (Google, Apple, Facebook, Amazon, plataformas web de música, audiovisual, información…) traen consigo un modelo de concentración mucho más global que el de las industrias culturales transnacionales o nacionales, con muy pocos actores -cuando no monopolios a escala planetaria- en todos los campos de las redes, plataformas o servicios. Los propios viejos oligopolios audiovisuales o editoriales negocian su lugar en la nueva cadena de valor en la Red».

En este contexto adverso, la búsqueda de unas sociedades del conocimiento para la paz y el desarrollo sustentable debe necesariamente ampliar las actuaciones en defensa de la diversidad de las expresiones culturales, aun más si cabe en el ámbito de las redes y soportes digitales.

Así, la familia de naciones que conforman la Unesco debe redoblar sus esfuerzos para lograr que potencias como EEUU, Rusia o Japón se adhieran a la Convención de 2005. Para que la adhesión llegue también de los países de Medio Oriente y del Magreb. Para que los Estados cumplan con su responsabilidad de enviar sus informes periódicos conteniendo las medidas adoptadas en pos de la defensa y promoción de la diversidad de las expresiones culturales. Para lograr un mayor compromiso de los países desarrollados con el Fondo Internacional para la Diversidad Cultural.

La diversidad cultural, como sostiene la Convención de 2005, debe ser entendida como patrimonio común de la humanidad, cuya salvaguarda constituye un imperativo ético, inseparable de la defensa de la dignidad humana. No existirán sociedades del conocimiento para la paz y del desarrollo sostenible sin diversidad cultural. Hete aquí uno de los mayores desafíos de nuestras sociedades contemporáneas.

Notas

[1] A petición de la Unesco, los investigadores R. Mansell y G. Tremblay escribieron Renewing the Knowledge Societies Vision: Towards Knowledge Societies for Peace and Sustainable Development, uno de los informes que sirvieron para animar los debates de la reunión multisectorial CSMI + 10. Véase: http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/CI/CI/pdf/wsis/WSIS_10_Event/UNESCO_KS_11_February_2013.pdf

[2] Ito, M. et al. (2013). Connected Learning: An Agenda for Research and Design [en línea]. Disponible en: http://dmlhub.net/sites/default/files/Connected_Learning_report.pdf

[3] Cassidy, M. MacArthur Foundation researchers find a new digital divide that’s hard to cross. Mercury News [en línea]. Disponible en: http://www.mercurynews.com/mike-cassidy/ci_22549113/cassidy-macarthur-foundation-researchers-find-new-digital-divide

Enlace Original Revista de Pensamiento sobre Comunicación, Tecnología y Sociedad

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¿De qué sirve el profesor?

Caricatura: Kovensky

Caricatura: Kovensky

( Umberto Eco, La Nación, Argentina) ¿En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia… pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: “Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?” Seguir leyendo

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